Alas de mariposa

22 Ene

Un niño juega tranquilo, inmerso en su santuario de arena dúctil, la cual apila y moldea a voluntad sin perseguir un fin concreto. De pronto, una mariposa pasa revoloteando junto al infante, atraída seguramente por el néctar de las flores de colores vivos que yacen junto al arenero. En un primer momento, nuestro niño no se percata del insecto alado, pero el sonido del viento arremetiendo contra las ramas de un cerezo cercano llama su atención y posa de casualidad su mirada en la mariposa. El niño se levanta en un ademán de acercarse. La mariposa, concentrada en libar el dulce polen, ignora los movimientos del niño, el cual ya está situado justo tras de ella. El niño no reflexiona, actúa por instinto, y coge la mariposa. Su mano agarra con firmeza sus alas y empieza a desmembrar al animal. No hay conciencia que guíe su mano, y no se para a pensar en el sufrimiento del insecto. Entre grandes estertores de dolor, la mariposa alcanza a ver sus alas cayendo como hojas de otoño antes de que la sangre anegue sus ojos. El niño no es siquiera consciente de la muerte que acaba de provocar y vuelve al arenero, dubitando acerca de la naturaleza del objeto de su tortura hasta que la noche se traga su recuerdo.

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3 comentarios to “Alas de mariposa”

  1. ivanc4 enero 24, 2012 a 1:32 pm #

    El relato que aquí se nos presenta, es sin duda una obra maestra: corta pero concisa, breve pero llena de sentimiento y de verdad, sobre todo de verdad, pues expresa mucho más que el dolor de una mariposa, un ser que no tiene nada que hacer ante la fuerza diabólica del niño inconsciente. Nos hace sentirnos sentirnos débiles, como una fugaz estrella que atraviesa la atmósfera con destino, su destrucción. Gran relato con el que quizás podemos pararnos a reflexionar un rato, alejarnos de nuestra rutina, y pensar en nuestra existencia.

    Un saludo.

    • jaime13lzq enero 24, 2012 a 3:06 pm #

      Muchas gracias por el comentario.
      Al ver lo bien que está escrito, me dan ganas de enmarcarlo.
      Ojalá que este blog no muera en el olvido.

      Au revoir,
      Jaime

  2. elenamolina enero 28, 2012 a 7:22 am #

    cruel, como la vida misma
    inconsciencia infantil perfectamente descrita

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