El mundo de los sueños: preludio

23 Ene

Él siempre se despierta cinco minutos antes de que suene el despertador, tiempo que aprovecha para atesorar esos últimos momentos de paz antes de entrar una vez más en la vigilia como si no fuera a dormir otra vez.

El despertador empieza a sonar, como siempre, y él alarga la mano tanteando sobre la mesilla de noche hasta encontrarlo y lo silencia. Como siempre, comienza incorporándose sobre la cama con los ojos todavía cerrados. Abre el ojo izquierdo, lo cierra y abre el derecho. Entorna ahora este ojo lo justo para distinguir los montones de ropa repartidos por el suelo.

Como siempre, con un pequeño salto posa ambas piernas en el suelo. Él siente los brazos entumecidos, así que los alza lentamente por encima de su cabeza describiendo un semicírculo. Cuando ambas manos alcanzan el cenit del recorrido, casi tocándose, estira todo su cuerpo. Una vez terminada la ceremonia se dispone a vestirse.

Él recoge del suelo algunas prendas, y, como siempre, comienza a vestirse. Empieza con unos calzoncillos que había tirados junto a la puerta, y después cubre sus piernas con un par de pantalones que encuentra junto a la cama. Llegado a este punto, él se sienta en la cama y mira al espejo. Mira al espejo porque esta enfrente de la cama, pero podría perfectamente mirar a cualquier otro sitio. Durante unos instantes, se centra en recordar todo aquello que ha soñado esa noche. muchas veces no lo logra, pero cuando algún retazo de sueño permanece en su memoria, él trata de retenerlo en su cabeza y disfrutarlo por la eternidad. Una vez se da por vencido, retoma la tarea de vestirse, como siempre.

Tras lavarse la cara, él comienza ya a ver el mundo con ambos ojos abiertos. Como siempre, no le gustaba demasiado la sensación del agua fría resbalándose por su cara. Hace sus necesidades en el excusado, previniendo así la desagradable sensación de tener la vejiga llena durante la jornada.

Sin demasiadas ganas ni energía, él se prepara como siempre un frugal desayuno consistente en leche y cereales sin mezclar (a él no le gustaba la comida reblandecida) y lo come sin prisas, planeando el día que le espera por delante.

Como siempre, él vuelve una vez más al baño para afeitarse y lavarse los dientes. Reparte el tiempo en el baño en dos mitades porque no puede desayunar sin antes haberse lavado la cara, pero considera absurdo y fuera de toda lógica lavarse los dientes antes de de una comida, principal exposición de los dientes y encias ante las sustancias perniciosas que los dañan. Como siempre, cronometra mentalmente cinco minutos exactos cepillándose, en los que frota con detalle cada una de las partes de su boca, incluyendo la lengua en último lugar.

Una vez terminados todos los preparativos para el día, él se acerca, como siempre, al armario, y se enfunda en su vieja gabardina. Contempla satisfecho al reloj mientras espera la hora de salir de casa para coger el autobús que le llevará a la universidad, retándose entretanto a sí mismo para comprobar que es capaz como siempre de medir el tiempo sin error apreciable. Y llegada la hora habitual, recoge las llaves de la mesa, se coloca bien ceñido su sombrero y atraviesa la puerta principal. Como siempre.

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4 comentarios to “El mundo de los sueños: preludio”

  1. jaime13lzq enero 26, 2012 a 9:04 pm #

    En un principio iba a ser un oneshot, pero me gustó demasiado en su momento. Ahora no se si arrepentirme.
    PD: necesito un nombre para el prota, lo cambiaré cuando lo piense.

  2. elenamolina enero 28, 2012 a 7:27 am #

    yo también m alegro de q hayas decidido continuar la historia
    pero……………….qué es eso d tener toda la ropa desperdigada por la habitación???
    haz el favor de que el prota recoja, o contrátale a alguien q le ayude a ordenar!!!
    no puedo leer historias así: me dan ganas de introducirme en el libro y colgarle las prendas en el armario (donde deben estar, of course!) y yo así no me concentro!

    • elenamolina enero 28, 2012 a 7:28 am #

      por cierto, si admites sugerencias para nombre del prota: qué tal Agapito?

  3. SILVIA enero 30, 2012 a 11:51 am #

    ¿ Se pone unos calzoncillos que están tirados en el suelo??? ¿ Son los del día anterior???

    Siempre se ha sabido que las personas con mentes privilegiadas suelen ser un poco despistadas, pero de ahí a un poco ” guarras “……

    Si, si, ya sé que no me debería de fijar en eso, que debería de estar mas pendiente de la narrativa y esas cosas, pero a ver, una es madre,ama de casa … y lo que duele duele…

    Fdo: Tu tía.

    Besos

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