El mundo de los sueños. Capítulo II. El escritor inspirado.

31 Ene

Jonás irrumpió exaltado en su hogar, rompiendo la quietud del ambiente. La razón de su impetuosidad no era otra que una idea que rondaba por su cabeza desde el comienzo de la mañana. Llevaba toda la jornada aguardando para llegar a casa y plasmarla en papel, y nada ni nadie podría interponerse entre su meta y él.

Jonás debía tener ya unos 17 años y cursaba bachillerato en el instituto local de Arhkam, a dos manzanas de la universidad de Miskatonik. Tenía un aire descuidado y su pelo negro de rizos salvajes presentaba el aspecto de no haber conocido nunca un peine. Era obediente y estudioso, no destacaba demasiado y pasaba su vida en una apacible rutina que no tenía nada en especial. Pero debajo de su actitud simplona y común, ocultaba una desbordante imaginación.

La literatura llegó a las manos de Jonás a través de su padre, traductor de toda clase de libros. Desde que Jonás aprendió a leer gastó tardes enteras sumergido entre las páginas que le narraban mil y una historias. Y pasados unos años, Jonás se decidió a probar a escribir él mismo. Cientos de historias nacían bajo la tinta de su pluma, historias que siempre eran leídas en primicia por el progenitor de Jonás, que emitía un juicio crítico sobre ellas, animando por todos los medios posibles a Jonás para pulirlas y mejorarlas hasta el umbral de la perfección.

Aquel día Jonás creía tener entre manos una historia particularmente brillante. Llevaba ya una semana sin escribir nada, esperando tumbado a la musa de la narración que una vez le había visitado, otorgándole la inspiración, y desesperaba creyendo que ya no volvería. Sin embargo, unas horas antes una pequeña trama había cruzado su mente, y Jonás se aferraba ahora a ella como si fuera su última oportunidad para escribir. Jonás, dentro de su humildad habitual, se enorgullecía en su fuero interno de como su idea había ido madurando rápidamente desde su concepción, y podía decir sin exagerar que era la mejor de cuantas historias que se le habían ocurrido en la vida.

Jonás cruzó el recibidor y el salón casi corriendo, resuelto a comenzar a redactar cuanto antes le fuera posible. Justo cuando atravesaba la puerta que daba a su habitación, oyó una voz familiar detrás suya.

-¿A dónde crees que vas, jovencito?

Su madre, cruzada de brazos, le miraba con el ceño fruncido.

-Llegas a casa y lo primero que haces es ir a tu habitación a encerrarte sin tan siquiera saludar a la familia.

-Pero es que tengo una idea para una historia.-respondió Jonás impaciente.

-¡Ni peros ni peras! ¿Y qué pasa con la comida? Digo yo que los escritores también comerán. ¿O acaso se alimentan de aire?

-Mamá… por favor… Ya tomaré los macarrones luego.

En ese momento su padre salió al pasillo. Sus viejas gafas pequeñas y redondas centelleaban encima de su nariz, y lucía una simpática sonrisa llena de cálida felicidad.

-¿Qué te ocurre, Jonás?

A Jonás se le iluminó la cara. Quizás su madre no comprendiera sus motivaciones artísticas, pero su padre, amante incondicional de los libros, de seguro le daría el visto bueno.

-Tengo una idea genial para un texto. Y ahora mismo iba a escribirla.

-Me parece excelente. Espero ansioso que termines para poder leerlo.

Mi madre interrumpió de nuevo.

-¡Pero Philip! ¡Qué el niño aún no ha comido!

-Oh, vamos. Por comer un poco más tarde un día no va a morirse. Déjale un poco de libertad.

El padre de Jonás cogió a su madre por los hombros y la guió hacia la cocina, dándose la vuelta a mitad de camino para guiñarle un ojo a su hijo. Jonás le respondió con otro guiño.

Una vez dentro de su habitación, Jonás se apresuró a despejar su escritorio de cualquier cosa que pudiera distraerle de la historia. Cogió su viejo cuaderno y buscó la primera página en blanco. Localizó su pluma de faisán (su padre siempre decía que los buenos relatos siempre se escriben con una pluma de faisán) y humedeció su punta en un tintero. Tras comprobar que no había demasiada tinta pasándose el extremo por el dedo, comenzó a escribir.

Dejó un espacio para el título, que rellenaría en último lugar, y rubricó con perfecta caligrafía una descripción. Jonás siempre comenzaba sus novelas con una descripción concisa de la primera escena, en la que abundaban los detalles y los pormenores, tratando de buscar siempre la palabra exacta que transportara al lector al lugar descrito. Uno o dos párrafos largos dedicados exclusivamente a la ambientación, que estimulaban la imaginación y te llevaban dentro del libro. Luego pasó a presentar a algunos personajes secundarios sin importancia para la trama, adentrándose profundamente en su psicología.

Jonás ya llevaba veinte minutos de escrito ininterrumpido cuando su padre entró en la habitación con un gran plato de macarrones.

-Me encanta que escribas. -dijo- Pero no me gustaría que murieras de inanición. Tu madre de seguro me mataría.

-Muchas gracias papá.

-Ahora tengo cosas que hacer fuera. Volveré por la noche. Y pienso leer lo que lleves redactado.

-Vale papá.

Jonás continuó escribiendo y escribiendo, descansando cada poco para tomar la comida en pequeñas raciones. Las palabras parecían fluir solas en su mente; Jonás sólo tenía que mover la mano para dejarlas pasar al papel. Y de repente paró. Tras la súbita inspiración que le había dado para escribir veinte hojas de un tirón, se había quedado en blanco.

Jonás no podía creérselo. Repasó el texto una vez más. Todo estaba allí, dispuesto perfectamente para avanzar en la trama. Abundantes descripciones, personajes bien definidos, un argumento interesante. Debía ser el protagonista. Jonás leyó la última parte otra vez. El protagonista comenzaba un nuevo viaje a través del tiempo y… ¡¿no quería?!

Jonás se frotó los ojos. No recordaba haber escrito aquella parte.

-Me estoy exigiendo demasiado. -se dijo a sí mismo- No hay forma de que un libro le lleve la contraria a su autor, ¿no?

-¿Y por qué no?

Jonás casi se cae hacia atrás del susto. Cuando recuperó la calma, dirigió su mirada hacia la cama para descubrir al protagonista de su novela sentado en su cama. Lucía tal y como se lo había imaginado en su mente, vistiendo un sombrero negro y una gran cicatriz en su carrillo derecho. Incluso llevaba el colgante que acababa de recibir en su relato. Jonás se emocionó todo lo que pudo.

-Buenos días.

-¿Buenos días? Hace un momento te helabas de miedo y ahora tiemblas de felicidad. Eres un chico extraño. Supongo que no necesitas que te diga como me llamo, ¿verdad Jonás?

-Claro que no. Tú eres Zion. Tú actúas como protagonista en mi libro.

Zion se incorporó y empezó a mirar a un punto fijo en el techo.

-Bueno -Z gesticuló con resignación- me esperaba que mi creador fuera un poquito más… -en ese momento, miró a Jonas por el rabillo del ojo- Profesional.

-¡Eh!¡Eso ofende! -Jonás bajó la cabeza y jugueteó con sus dedos- Es decir, ya sé que no soy el mejor escritor del mundo,…

-No te ofendas. Escribes fantásticamente para ser tan joven. -Jonás se ruborizó. Zion aprovechó para cambiar de tema- ¿Sabes por qué estoy aquí? Por supuesto que no. -Zion se paseaba entonces de un lado a otro del habitáculo mientras hablaba- He venido a hacerte una proposición.

Los ojos de Jonás se agrandaron. Era evidente que la curiosidad le hacía mella.

-¿Qué clase de proposición?

-Dime Jonás, ¿te gustaría escribir la mejor historia jamás pensada?

-¡Por supuesto!

-Entonces busca al hombre que tiene un sombrero como el mío.

Zion se descubrió elegantemente la cabeza y le ofreció el sombrero.

-Toma, cógelo. Así no lo olvidarás.

Jonás sometió el sombrero a un examen exhaustivo. Era de color negro plano, sin ningún adorno; y de ala estrecha. Jonás no lograba cuadrar la imagen del sombrero en ninguno de sus conocidos. Pensó en preguntarle a Zion sobre la persona a quien debía buscar. Cuando levantó la cabeza, se encontró con su habitación vacía.

En el cuaderno, a continuación del último párrafo que había escrito, Zion decía “Buena suerte”.

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Una respuesta to “El mundo de los sueños. Capítulo II. El escritor inspirado.”

  1. jaime13lzq enero 31, 2012 a 8:47 pm #

    Aquí llega el segundo capítulo de la mini-novela “El mundo de los sueños”
    Esta vez abandonamos temporalmente a Dante para conocer a un nuevo personaje: Jonás.
    ¡Disfrutadlo!

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