Sobre la suerte moral

6 Feb

Un hombre de mediana edad conduce su vehículo por la ciudad, a una velocidad moderada, respetando a rajatabla las normas de circulación vigentes y prestando una prudencial atención a cualquier detalle que pueda interferir con su desplazamiento. Sin embargo, a pesar de las múltiples precauciones que manifiesta, un niño salta de improviso a la calle y termina siendo atropellado.

En otro ejemplo, otro conductor, totalmente ebrio y que transita dando continuos tumbos se cruza también con el niño. Afortunadamente, lo vislumbra en el último segundo y frena antes de que ocurra el fatal desenlace.

La ética habitual del ciudadano medio le lleva a sentir que el primer conductor, a pesar de todo el afán con el que previno el accidente, es un mal conductor y debe responsabilizarse por lo ocurrido; el segundo se convertirá no obstante en inocente, ya que salvó la vida del niño, aún cuando obraba de manera imprudente y potencialmente peligrosa para los transeúntes y otros vehículos.

En este caso concreto, evaluamos a un agente por un factor que escapaba a su control, lo cual entra en conflicto con un principio moral intuitivo, el principio de control, según el cual no podemos culpar a alguien por sucesos que escapan a su control. Este problema que lleva años martirizando a los filósofos es llamado el problema de la suerte moral.

¿Por qué debemos culpar a alguien de sucesos que provocó accidentalmente, aun cuando él quería obrar de otra manera? ¿No dice un viejo refrán “la intención es lo que cuenta”? Volvamos al primer ejemplo. Si aquel hombre nunca hubiera tenido un coche, probablemente el percance no hubiera ocurrido. ¿Debemos culpar entonces a la empresa que construyó el vehículo? Y a su vez, ¿debemos culpar a Karl Friedrich Benz , quien concibió la idea del automóvil? De una manera o de otra, toda persona puede estar involucrada en esta cadena sin fin: el niño que cruzó, la vecina quien no paró al automóvil, el amigo del conductor quien no le advirtió que no condujera aquel día,… Es la historia del nunca acabar.

Por otra parte, puedo indicar con seguridad que si el primer conductor no se arrepintiera de sus actos, alegando que carecía de las herramientas necesarias para prevenirlos y que él obró de acuerdo a sus ideales, se ganaría instantáneamente el desprecio del lector, ¿me equivoco? La sociedad espera contrición y penitencia de él, y el acto de desentendimiento se malinterpretará como una conducta maligna. Y yo digo, ¿por qué? A nadie le agrada que le acusen injustamente. El ser humano debería plantearse profundamente el problema de la suerte moral y llegar a la única conclusión, en mi opinión, lógica: no debemos arrepentirnos ni recriminar a otros si la acción era en ese momento la más moral, mientras que el que obra bien de casualidad tampoco tiene un auténtico mérito.

La suerte moral constituye un gran problema para las teorías basadas en la competencia. Me refiero por supuesto a la teoría de selección natural y al omnipresente capitalismo. Ambas se sustentan en la desaparición del débil ante el adaptado que consigue recursos asegurando su continuidad, por lo que la suerte moral interfiere en gran medida en el proceso: el débil obtiene una oportunidad de persistir gracias al factor suerte, a pesar de su inadaptación. Esto deriva en que la unidad evolutiva, natural o empresarial, se degrada; la especie se convierte en una inadaptada y el empresario en un mentecato con suerte, y resultan indistinguibles de los aptos o válidos.

Obviamente, lo ideal sería un mundo regido por el karma, donde la suerte moral desaparezca para dejar paso a la justicia absoluta donde cada uno recibe lo que merece de forma material; hasta entonces, tendremos que resignarnos a ella y aprender a juzgar al resto no por los resultados, sino por su actuación.

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8 comentarios to “Sobre la suerte moral”

  1. jaime13lzq febrero 8, 2012 a 2:37 pm #

    Primer ensayo y primera crítica al capitalismo.
    ¡Y caeran muchas más ya vereis!

  2. elenamolina febrero 11, 2012 a 7:06 am #

    Discrepo.
    Mi ética habitual de ciudadana media no me lleva a calificar al primer conductor de “mal conductor”; sin embargo, por supuesto, debe responsabilizarse de lo ocurrido, porque él ha sido el causante y “responsable”, independientemente de sus intenciones. Por ello no puede desentenderse de las consecuencias de sus actos, hayan sido o no premeditados y/o intencionados.
    Asimismo, mi ética habitual de ciudadana media no me permite responsabilizar al conductor ebrio de algo que podría haber ocurrido, pero no ha llegado a suceder. Lo que sí me permite es recriminarle su conducta , exenta, por supuesto, de todo mérito.

  3. Mateo M" Vicent Fanconi febrero 12, 2015 a 7:19 pm #

    ¿Pero no habías dicho que el bien y el mal no existían?

    • Mateo M" Vicent Fanconi febrero 12, 2015 a 7:20 pm #

      Por otro lado el concepto de suerte moral está muy bien expuesto, por mas que a mí me parezca enormemente erroneo.

    • jsevillamol febrero 13, 2015 a 5:10 pm #

      El bien y mal no existen como conceptos absolutos, pero si como constructos sociales y personales.

      Esto lo escribí hace mucho, y me retractaría de varias ideas. Por ejemplo, un mundo regido por el karma es imposible, porque implica una noción de bien absoluto. Lo sustituiría en cambio por un mundo donde las acciones racionales tienen una posibilidad mucho mayor de éxito. Es decir, un mundo sin fluctuaciones de suerte, donde los jugadores de póker ganen siempre conforme a su propia habilidad.

      No me estoy explicacando muy bien. Puede que profundice en esto. [Yudkowski] (http://www.yudkowsky.net/) & [CIA] (http://intelligenceexplosion.com/) me tienen muy inspirado.

  4. Robena Hathorne abril 3, 2017 a 12:07 am #

    Thanks for every other excellent post. Where else may anyone get that kind of info in such an ideal approach of writing? I’ve a presentation subsequent week, and I’m at the search for such info.

    • jsevillamol abril 3, 2017 a 3:18 pm #

      Dear Robena,
      Thank you for your kind words!

      I am afraid I do not quite know what you mean regarding what you deem an “ideal approach to writing”.

      Regarding sober Spanish philosophy, I would recommend any book by Ortega y Gasset, from whom I take inspiration.

      If the style is what intrigues you, I guess that among my references when it comes down to writing I would mention Borges and García Márquez.

      Hope this helps!

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