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¿En qué medida las emociones condicionan las distintas fases del método científico?

6 Feb

La ciencia evoluciona constantemente. Desde las observaciones de Galileo hasta el LHC hay 500 años de perfeccionamiento. Hoy en día, poseemos una ciencia tal que la opinión pública se ha tomado la libertad de divinizarla; la ciencia es la religión del siglo XXI. La ciencia es pura y perfecta, libre de estigmas morales y error. Pero, ¿es esto cierto?

La ciencia es un área del conocimiento, y su manera de obtención de información de la realidad es el método científico, que propugna una línea de investigación sistemática y minuciosa.  No obstante, sigue siendo una herramienta, que carece de razón y voluntad. Sin un actor de conocimiento que ponga en práctica dicho método no tendremos ciencia, sólo una guía para llegar a ella; de la misma manera, un mapa sin un viajero que lo use no es sino un trozo de papel inútil.

El método científico necesita científicos. Y los científicos son humanos dotados de razón, pero también de sentimientos; esto implica una posible desviación del método científico. El viajero tiene el mapa, de acuerdo, pero está en su poder seguir o no las indicaciones de este mapa. Los sentimientos pueden involucrarse en el camino del método científico. Para analizar el por qué, tendremos que examinar paso a paso el método.

 

Observación

El primer paso y desencadenante de todo el artilugio de la ciencia tiene mucho que ver con las emociones del actor de conocimiento. La manera en la que percibimos el mundo cambia enormemente de acuerdo con nuestro estado anímico. El método científico dicta que solo la razón debería tener cabida en este paso. Y yo digo, ¿no cabe en la observación la inspiración? Por supuesto, también están involucrados muchos otros factores, pero los sentimientos juegan un papel fundamental en la concepción de ideas.

Para poder aplicar el método científico, primero necesitamos un problema que encarar. La identificación y voluntad de enfrentar o no una cuestión de conocimiento viene en gran parte condicionada por las emociones. Aquello que llame el interés, y destaco interés como emoción que es, del científico es probable objeto de su atención y posterior estudio. Por tanto, las emociones influyen de manera positiva, trayendo interés, y consecuentemente la voluntad de hacer ciencia.

A continuación tiene lugar la recogida de datos. Un investigador riguroso medirá con profesionalidad y precisión, despojándose de su subjetividad en la medida de lo posible. Aquí el método científico indica que sería conveniente minimizar el impacto de los sentimientos en la investigación, y en ello lo secundo: las emociones del investigador no son capaces de afectar la realidad que estudia, y sólo sirven para introducir una fuente de error humano. Un científico angustiado es más propenso a cometer errores que uno tranquilo, pues no dedicará toda su atención al experimento.

 

Hipótesis

El segundo paso del método científico está  fuertemente afectado por el estado anímico del investigador.

 

Miles de ideas campan a sus anchas en nuestras mentes cada día. Una mente despierta y educada en los campos de la ciencia es capaz de separar de esta masa de iluminación aquellas ideas que mejor expliquen, al menos a priori, los sucesos de la realidad. Dependiendo de las experiencias del sujeto y sus reacciones, el rango de ideas al que accede será distinto. Por ello podemos decir que las emociones influyen en la hipótesis de forma tanto positiva como negativa; pues las ideas que obtengamos podrán ser tanto geniales como (si se me permite una licencia artística) desastróficas.

Esto tiene mucho que ver con los prejuicios. El descarte inmediato (sin razonar) de explicaciones ocurre debido a tanto la experiencia previa como al sentimiento que provoca la explicación en el actor de conocimiento.

No obstante, para comprobar que efectivamente nuestra idea cosechada se adecúa a los datos obtenidos sólo la razón puede valernos. Las emociones ahora, como anteriormente, son susceptibles de provocar errores al entrar en conflicto con la razón, impeliéndonos a rechazar ideas científicas válidas y sugiriendo otras no tan razonadas.

Encontramos un ejemplo de conflicto razón-sentimientos en Einstein. Cuando enunció su relatividad general, cuenta la historia que le invadió un profundo desasosiego. Su teoría implicaba la existencia de un principio y un final del universo, idea que se contradecía con su concepto de un universo estático y eterno. Guiado por este sentimiento, que yo califico de estético (un universo eterno era más bello en su opinión) introdujo la constante cosmológica en su hipótesis. Con ella, el universo sería estable, todo se autorregularía, pero… no funcionaba. Los datos recogidos no concordaban. Un sentimiento irracional traicionó al más célebre científico del siglo XX.

 

Matematización

En una escuela solo encontrarás una clase donde se impartan verdades absolutas, y esa es la clase de matemáticas. En el método científico encontramos un grado alto de matemáticas, que constituyen el esqueleto, lenguaje, de la ciencia.

Las matemáticas son inmutables antes los sentimientos humanos. No importa el empeño que le pongamos, dos y dos suman cuatro, ahora y siempre. Es en esta fase del método científico donde no existe perturbación posible por parte de las emociones.

Quitando, por supuesto, el error humano que pueden aportar. Como ya mencionamos anteriormente, un investigador cansado comete más errores que uno descansado. Aprovechando para ampliar este tema, he de decir que el método científico está diseñado para evitar tales fallos. Veremos más adelante que la comprobación hace imposible un fallo permanente en la ciencia. Además, la ciencia es un trabajo en equipo, minimizando así las posibles equivocaciones.

 

Comprobación

El último paso en el método científico está a prueba de balas y de emociones. El objeto de estudio de la ciencia, la realidad, no se ve afectado por los sentimientos (excluyendo, tal vez, las ciencias sociales). Una vez comprobemos nuestra hipótesis, sólo queda lugar para la razón. Los sentimientos pueden cambiar la manera en la que nos aproximamos a la realidad, pero no el resultado del falseo.

Una hipótesis que ha pasado por las fases anteriores sosteniéndose en las emociones del investigador caerá ahora por su propio peso. Hemos de tener en cuenta que esta fase está abierta, y posteriores investigaciones pueden invalidar una teoría (incluso algunas emociones especialmente perjudiciales llevarán al investigador a manipular sus datos de manera inmoral). Aunque quien formule la teoría esté tan cegado por sus sentimientos como para no admitir su equivocación, tarde o temprano alguien recogerá datos que prueben lo contrario.

 

Ejemplo

Esto se puede ilustrar de mejor manera con un ejemplo. Centrémonos en una ciencia cualquiera, como la biología. Un investigador de la Universidad Complutense inicia una investigación para determinar qué tipo de medicamentos son los más efectivos para calmar el dolor en la cabeza. El interés que le ha llevado a enfrentar este problema ha sido provocado por su vocación profesional (curiosidad) y por un jugoso incentivo monetario que la universidad donará al artífice de la mejor investigación del año (avaricia).

El investigador comienza a hacer experimentos, localizando los factores que causan el dolor y su reacción ante diversos medicamentos. Sin embargo, la fecha límite para optar al premio es cercana, y el biólogo decide no hacer tantas muestras como sería pertinente. Es más, su agobio le lleva a cometer ciertos errores al tomar medidas.

Ahora hace una hipótesis. Gracias a su interés por el proyecto y el tiempo que le ha dedicado, ha encontrado un modelo que explica a la perfección los datos que ha recolectado. Aquí podemos ver como las emociones pueden influir positivamente en el método científico.

A la hora de matematizar su teoría, su agobio no le hace más que cometer un par de fallos que en un segundo vistazo son fácilmente corregidos. Las emociones sólo han podido retrasar ligeramente el método, sin repercusiones en el resultado.

Y finalmente intenta comprobar su teoría. Sin embargo, esta vez es incapaz de reproducir el experimento inicial, en el que cometió fallos de medida. Su hipótesis falsa apoyada indirectamente en los sentimientos (que provocaron el error) ha caído. Parece que esta vez no se llevará el premio.

 

Conclusión

Las emociones afectan en gran medida, tanto positiva como negativamente, al método científico en aquellos pasos en los que la creatividad y concepción de ideas juega un rol central (observación e hipótesis). Los sentimientos son una herramienta útil que nos permite descartar ideas absurdas, pero pueden conducir a error.

Por otra parte, todo el método científico es susceptible de caer en error debido al estado anímico del actor de conocimiento, que influye en la rigurosidad de la investigación.