Cazatiempos – Parte 3

29 Ago

Never tenía claro que hacer. Apenas se vio a sí mismo salir de la sala, buscó a alguien persiguiendo a su doble. Tardó tres segundos en encontrarlo, y dos en reconocerlo. Era el policía de Moscú, haciendo gala de su tenacidad rayana a la cabezonería. ¿Cómo le habrían encontrado? Más tarde debía procurar averiguarlo.

Ahora, debía parar a ese hombre. Así que gritó.

-¡El de la gabardina, que se espere!

El poli se paró en el acto, y se giró para verle. Never reprimió una sonrisa y ensayó su mejor cara de “Oh, mierda. Qué acabo de hacer”. Eso le haría confiarse.

De la gabardina salió una pistola lista para dispararse, que le apuntó al pecho. Esto iba mejor de lo que Never se imaginaba que iba a pasar. El muy idiota acababa de sacar una pistola en mitad del “Ninho de víboras”.

-Deténgase ahora mismo. Y ni piense en utilizar el cazatiempo. El mío también está cargado. Sería una pérdida de tiempo romper una hora hacia atrás solo para volver a encontrar mi cara esperándole, ¿no cree?

Never ni se molestó en contestar, sino que miró a Armando Valencia, diciéndole con un gesto “¿No vas a hacer nada? ¿Vas a dejar que salga impune?”. Si sus deducciones eran correctas, el mafioso no iba a tolerar que nadie menoscabara su autoridad sacando un arma en su territorio. Armando Valencia se levantó para plantar cara al detective.

-¿Se puede saber quién demonios tiene los cojones necesarios para apuntarme a la cara?

Y ahora que Armando Valencia va a ocuparse de su problemilla en su lugar, era el momento propicio para desaparecer de la escena. El detective se había colocado hábilmente entre su mesa y las dos salidas, pero aún podía aprovechar el acceso al segundo piso para confundirse entre la muchedumbre y deslizarse cinco minutos hacia atrás sin que nadie se diera cuenta, en una de las salas privadas preferiblemente. De ahí solo tendría que salir por la puerta como había visto hacer a su yo futuro mientras su yo pasado distraía al detective.

Utilizar un cazatiempo sin incurrir en paradojas era complicado, un desafío intelectual que pocos tenían el privilegio de acometer y aún menos superaban satisfactoriamente. Para los estándares de los viajeros, Never era aún un amateur en el arte del deslizamiento temporal. Había obtenido su cazatiempo un año atrás, y lo primero que había logrado era hacer estallar la bolsa neoyorquina en el plazo de una semana, quedando él en posesión de una considerable fortuna a la que lamentablemente le habían cortado el acceso la división de cazatiempos cuando algún economista puso las piezas juntas y llegó a la conclusión de que la crisis financiera era obra de un criminal temporal. Never había sido descuidado y no se había preocupado de esconder las pistas que apuntaban hacia él.

-En efecto… -dijo el detective. Y, con esas palabras mágicas, cuatro pistolas le apuntaron a la cabeza. Never salió corriendo hacia las escaleras, reconociendo una oportunidad única.

Sin pararse a mirar atrás, escaneó las puertas hasta encontrar una con el cartel de libre: la segunda por la derecha prometía estar vacía. Con el tacto manipuló el cazatiempo de su bolsillo y se preparó para deslizarse cinco minutos hacia atrás.

Nada más abrir la puerta, Never se encontró de bruces con el detective. Un disparo rasgó el aire.

En ese momento, el cazatiempo abrió la puerta del tiempo, arrastrando a Never cinco minutos hacia atrás. Y Never se encontró frente a una puerta cerrada, sorprendido de no tener un nuevo agujero en la nariz.

16:27

Ese había sido un fallo importante, olvidar que el detective tenía su propio cazatiempo. Por supuesto, era imposible que le hubiera disparado y le hubiera incapacitado, o no habría visto a su yo futuro salir del garito ileso; pero muchas otras cosas podrían haber ido mal.

Never bajo las escaleras y huyó por la puerta del fondo, observando de paso a su yo pasado en la mesa, estupefacto al verle. Nunca lograba acostumbrarse a ver sus dobles futuros. Aun sabiendo que iba a pasar, siempre le pillaban con la guardia baja.

Según dejaba el local en el horizonte, se escuchó el jaleo del que solo puede ser causa un tiroteo. Never sintió una leve punzada de pena por el detective cuyo cadáver mañana estaría en una fosa del Atlántico, pero claro: él mismo se lo había buscado.

Una vez Never se cercioró de que estaba lo suficientemente lejos del local, completó la última parte del plan. Eran las 16:54, y ya se había deslizado cinco minutos hoy. El cazatiempo tenía una carga máxima de una hora, que se recargaba periódicamente cada día. Eso le dejaba con 55 minutos, que utilizó para deslizarse inmediatamente.

15:59

Never se lamentó internamente. Hubiera preferido quedarse con cinco minutos en el cazatiempo en caso de algún improvisto, pero no podía arriesgarse a causar una paradoja. Había oído algunas historias acerca de la gente que rompía el espacio-tiempo, y no eran historias con final feliz precisamente. Rápidamente sacó su móvil y busco en el correo el mensaje que había recibido a las 16:00, dándole a reenviar en el mismo instante que el cazatiempo indicaba esa hora.

10 M; 3-7 + 2-A, 4-7; 5.000.000.

1630 ф

Recibido a las 16:00

En la décima mano repartida, Full de sietes ases contra póker de sietes, sube hasta 5.000.000 de dólares. A las 16:30 hay problemas. Eso significaba el mensaje.

Armando Valencia era un hombre de honor. Comprendería por qué Never debió ausentarse y dejaría la apuesta ingresada en su cuenta. Probablemente. De todas maneras, más tarde lo averiguaría.

Ahora una pregunta rondaba por la cabeza de Never. ¿Cómo le habían localizado?

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