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El papel del coro en la Antígona de J. Anouilh

19 Sep

La tragedia de Antígona se cierra con la última piedra que la sepulta. Creón vive su propia penitencia con la muerte de su familia. Y, detrás de ambos, se encuentra el omnipresente coro, orquestando la obra; dirigiendo desde las sombras la música fatal de un entierro que aún no ha ocurrido y probablemente nunca ocurrirá.

Cuesta concebir a una Antígona sin Creón o incluso sin el personaje que da nombre a la obra, pero el anónimo coro parece prescindible. No obstante, Anouilh reinterpreta su papel, convirtiéndolo en el pegamento que mantiene unida la obra, así como el metrónomo que dirige su compás.

En la Antígona original de Sófocles el coro intercede en la obra por los espectadores, actuando como el público ideal. Además, ayuda a guiar la opinión del público: cuando los espectadores se han identificado con el coro, convierten en suyos sus comentarios.

Sófocles expresa los temas clave de la tragedia a través de los cantos corales; Anouilh opta por reducir estos cantos a reflexiones, más breves pero no menos profundas.

Anouilh incluye en su Antígona cuatro intervenciones del coro que marcan el ritmo de la obra. El coro es comúnmente identificado con la voz del autor, con el público y/o el colectivo de Tebas en otras ocasiones. Incluso unos pocos críticos dicen que es un mero guiño al coro original, una reproducción nostálgica del coro de la era clásica, sin una función concreta[1]. En mi opinión, el coro de Anouilh aglutina estas funciones y otras más, alternándolas y combinándolas en cada aparición.

Primero lo vemos disfrazado de prólogo. Comienza la obra dirigiéndose directamente al espectador, sin preocuparse de la cuarta pared que los separa, para introducirnos uno a uno a los personajes[2]. Podemos ver que él es omnisciente; conoce a la perfección a todos los personajes y su papel, además de lo que piensan. Finalmente relata el marco narrativo: la tragedia de Eteocles y Polinice, seguida del edicto de Creón prohibiendo enterrar el cadáver del mal hermano.

Desde un primer momento el prólogo se separa del resto de personajes y se incluye en el público[3]. Esto explica que muchos críticos lo identifiquen con el papel del colectivo de espectadores. Sin embargo, esto es insuficiente. ¿Cómo conoce, entonces, lo que va a pasar en la obra? Uno podría decir que Anouilh escribe su obra para un público culto y conocedor de la tragedia clásica; la historia hasta el momento no difiere de la escrita por Sófocles.

Sin embargo, recordemos su omnisciencia. El prólogo conoce hasta el último detalle, además de los pensamientos de los personajes. Sabe como Hemón se declaró a Antígona[4]. Conoce los miedos de la protagonista[5]. Adivina sin esfuerzo la razón que hay detrás de la soledad que aísla al mensajero[6]. Sólo existe en la obra una persona que esté al tanto de todos los detalles que la componen, y esta persona es el propio autor. Por ello identifico, al menos en esta parte, al prólogo con el autor.

La siguiente intervención del prólogo ocurre tras la llegada de Jonás, el primer guardia, a palacio, para informar a Creón de que alguien se ha atrevido a romper su ley. Su discurso funciona perfectamente a la hora de dividir la introducción y el nudo de la obra, acompasando de esta manera la pieza. A continuación procede a realizar una divagación metaliteraria acerca de las tragedias, que termina apresuradamente cuando Antígona vuelve a entrar en escena, esta vez apresada por los guardias[7].

Viendo cómo dirige el transcurso de la obra, parece lógico volver a afirmar que el coro representa de nuevo al autor. Sin embargo, el autor no puede robarles la escena a los personajes, ni arrojarse a una reflexión espontánea durante una representación. Opino que aquí el coro es Anouilh, y no sólo en su faceta de autor. Comienza narrando; pero pronto trasciende dicha faceta y asciende a filósofo. Se entrega a su abstracción hasta que el Anouilh autor le vuelve a interrumpir, no tomando el mando, sino introduciendo a Antígona[8]. El Anouilh filósofo se retira sin ofrecer resistencia; aquello que quería decir ya ha sido dicho, es hora de continuar la tragedia.

Después de que Antígona sea condenada por Creón e Ismena cambie su opinión (aunque demasiado tarde) el coro hace su tercera aparición. Al contrario que en las anteriores ocasiones, el coro toma un papel activo, interactuando directamente con Creón, criticándole[9] y exhortándole a perdonar a su sobrina[10]. A su vez, Creón le contesta, defendiendo su decisión. Seguidamente entra en escena Hemón, quien discute con su padre. El coro sigue hablando con Creón, buscando una alternativa a la muerte de Antígona. Pero su esfuerzo es fútil; Creón sabe que no puede hacer ya nada.

En esta escena el coro parece estar cumpliendo la función de intermediario entre Creón y un colectivo. Podemos descartar que esta muchedumbre sean los habitantes de Tebas, ya que ellos mismos claman por la sangre de Antígona[11] cegados por el poder del rey y un posible anhelo de orden. El coro sería entonces representante del público, a cuyo lado permaneció durante sus dos primeras intervenciones y ahora actúa según lo que Anouilh les ha llevado a pensar, implorando a Creón que cambie su destino, que trueque la tragedia en un drama con esperanza.

¿Por qué no es ya el escritor, como anteriormente? La respuesta es la siguiente: el autor, quien aunque como ser humano esté obligado a querer salvar su personaje, no puede contravenir el dictado de muerte que pronunció, a través de los labios del prólogo, al principio de la obra. Con ello no niego que en este momento el coro pueda representar la faceta humana de Anouilh, aquella que le une al público.

Otra interpretación posible consistiría en identificar al coro con un espectro, fruto de la locura de Creón, proveniente de la carga del Estado. Esto explicaría por qué Creón es el único que se dirige al coro. Anouilh representaría entonces en su diálogo una lucha interna, entre el Creón que antes intentaba salvar a Antígona y el rey tirano que la condena. Pero en cierta ocasión Creón y el coro hablan en presencia de Hemón[12]. Si el coro fuera una alucinación del rey resultaría extraño que Hemón no comentara nada al ver a su padre hablar solo. Por supuesto, no sería el único elemento que se aleja de la realidad en el libro (recordemos la actitud extravagante de Antígona) ni el último (verbigracia, el discurso sobre la rivalidad entre el sargento y el guardia).

La última intervención del coro tiene lugar tras la muerte de la heroína y cierra la obra, en reminiscencia de cómo la abrió. Primero habla al espectador, informándole del final de la tragedia de Antígona y del comienzo de la de Creón. Después habla con el mensajero, dejándole a él narrar lo acontecido en el pozo. Creón aparece; el coro suplanta al mensajero como corresponsal de malas noticias e informa al rey del suicidio de Eurídice. Finalmente, cierra con un último discurso acerca de Antígona, de la muerte y de la indiferencia de los guardias.

En esta última aparición se conjugan todos los papeles que el coro ha desempeñado a lo largo de la obra. Su primera línea la dice como narrador, distanciado; pero luego se mezcla en la obra y escucha al mensajero. En mi opinión, él escucha representando a la corte, especialmente a Eurídice. Luego, como ya he dicho, sustituye al mensajero, relevándole del papel que le entregó al principio; tal vez el autor considera que el mensajero ya ha cumplido. Le sigue un recordatorio siniestro a Creón de su soledad en la cima, de lo que le ha costado la condena de Antígona[13]. Vuelve a ser autor, recapitulando brevemente la tragedia; y, como en la segunda intervención, se convierte en filósofo. Pero sus últimas tres frases[14] son más que divagación: son denuncia; una llamada a la acción dirigida al espectador, instándole a concienciarse en lugar de pasar la vida como los guardias, sin cuestionar su existencia ni el poder que la autoridad tiene sobre ellos.

En síntesis, el coro es prólogo y cierre; es autor, filósofo, un poco poeta, crítico literario y social; es el pueblo de Tebas, la corte del palacio y los espectadores; es un guiño al pasado, una divagación del presente y un revolucionario adelantado a su época; y es, indudablemente, Anouilh. Todos estos aspectos se abstraen y concentran en este enigmático personaje, que dota la obra de un aura mágica, misteriosa.

Podemos imaginar sin duda, como decía al principio de este ensayo, una Antígona sin coro. Pero, desde luego, no la Antígona de Anouilh, en la que el coro juega un papel fundamental.

Bibliografía

Fuentes primarias:

  • ANOUILH, Jean. Antígona. Traducción de Aurora Bernárdez. Buenos Aires, 2009. 1ª edición. 202 pp.
  • SÓFOCLES. Antígona. Grecia, 442 a.C. Disponible online en [http://www.ciudadseva.com/textos/teatro/sofocles/antigona.htm] Última consulta el 12 de mayo de 2013.

Fuentes secundarias:

  • GIL, Luis. Transmisión mítica. Barcelona, 1975. Planeta.
  • VICO, Ramón. Temática popular en la Antígona de Sófocles y en algunas de sus recreaciones en la Europa del siglo XX: J.M. Peman, S. Espriu, J. Dantas, J. Anouilh, J. Cocteau y B. Brecht. Granada, 2012. Universidad de Granada.

[1] GIL, Luis. Transmisión mítica, pp. 80-81. “Su función [la función del coro] (…) es casi nula. Ni como parte activa de la narración, ni como espectador ideal, ni como portavoz del ideario del autor, salvo en lo que atañe a sus puntos de vista en crítica literaria.”

[2] No puedo evitar comparar este comienzo con aquel de El teatro del mundo, de Pedro Calderón de la Barca, en el que Dios reparte los papeles que les toca interpretar a cada actor. La diferencia radica en que en Antígona los papeles ya han sido repartidos, y el prólogo se limita a indicarnos el elenco.

[3]ANOUILH, Jean. Jezabel. Antígona. p. 125. El prólogo: […] de todos nosotros, que estamos aquí muy tranquilos mirándola, de nosotros, que no tenemos que morir esta noche.

[4] Ibídem, p. 126. El prólogo: […] Hemón fue a buscar a Antígona que soñaba en un rincón, como en este momento, rodeando las rodillas con los brazos, y le pidió que fuera su mujer.

[5] Ibídem, p. 125. El prólogo: […] Piensa que va a morir, que es joven y que también a ella le hubiera gustado vivir.

[6] Ibídem, p. 127. El prólogo: […] Aquel muchacho pálido, el que está allá, en el fondo, soñando pegado a la pared, solitario, es El mensajero. Él vendrá a anunciar la muerte de Hemón dentro de un rato. Por eso no tiene ganas de charlar ni de mezclarse con los demás.

[7] Ibídem, p. 156. El coro: […] ¡Y, por último, nada queda por intentar! (Entra Antígona, empujada por guardias.) Ahora empieza. Han detenido a la pequeña Antígona. La pequeña Antígona podrá ser ella misma por primera vez.

[8] Ver nota 8.

[9] Ibídem, p. 186. El coro: Estás loco, Creón. ¿Qué has hecho?

[10] Ibídem, p. 186 El coro: ¡No dejes morir a Antígona, Creón! Todos llevaremos esa llaga en el costado durante siglos.

[11] Ibídem, p. 188. Creón: La multitud ya lo sabe, aúlla alrededor del palacio.

[12] Ibídem, p. 189 El coro: ¿No se puede ganar tiempo, hacerla escapar mañana?

Creón: La multitud ya lo sabe, aúlla alrededor del palacio. No puedo.

Hemón: Padre, la multitud no es nada. Tú eres el amo.

[13] Ibídem, p. 201. El coro: Y ahora estás completamente solo, Creón.

[14] Ibídem, p 202. El coro: No queda más que los guardias. A ellos todo esto les da lo mismo; no es harina de su costal. Continúan jugando a las cartas…

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¿En qué medida las emociones condicionan las distintas fases del método científico?

6 Feb

La ciencia evoluciona constantemente. Desde las observaciones de Galileo hasta el LHC hay 500 años de perfeccionamiento. Hoy en día, poseemos una ciencia tal que la opinión pública se ha tomado la libertad de divinizarla; la ciencia es la religión del siglo XXI. La ciencia es pura y perfecta, libre de estigmas morales y error. Pero, ¿es esto cierto?

La ciencia es un área del conocimiento, y su manera de obtención de información de la realidad es el método científico, que propugna una línea de investigación sistemática y minuciosa.  No obstante, sigue siendo una herramienta, que carece de razón y voluntad. Sin un actor de conocimiento que ponga en práctica dicho método no tendremos ciencia, sólo una guía para llegar a ella; de la misma manera, un mapa sin un viajero que lo use no es sino un trozo de papel inútil.

El método científico necesita científicos. Y los científicos son humanos dotados de razón, pero también de sentimientos; esto implica una posible desviación del método científico. El viajero tiene el mapa, de acuerdo, pero está en su poder seguir o no las indicaciones de este mapa. Los sentimientos pueden involucrarse en el camino del método científico. Para analizar el por qué, tendremos que examinar paso a paso el método.

 

Observación

El primer paso y desencadenante de todo el artilugio de la ciencia tiene mucho que ver con las emociones del actor de conocimiento. La manera en la que percibimos el mundo cambia enormemente de acuerdo con nuestro estado anímico. El método científico dicta que solo la razón debería tener cabida en este paso. Y yo digo, ¿no cabe en la observación la inspiración? Por supuesto, también están involucrados muchos otros factores, pero los sentimientos juegan un papel fundamental en la concepción de ideas.

Para poder aplicar el método científico, primero necesitamos un problema que encarar. La identificación y voluntad de enfrentar o no una cuestión de conocimiento viene en gran parte condicionada por las emociones. Aquello que llame el interés, y destaco interés como emoción que es, del científico es probable objeto de su atención y posterior estudio. Por tanto, las emociones influyen de manera positiva, trayendo interés, y consecuentemente la voluntad de hacer ciencia.

A continuación tiene lugar la recogida de datos. Un investigador riguroso medirá con profesionalidad y precisión, despojándose de su subjetividad en la medida de lo posible. Aquí el método científico indica que sería conveniente minimizar el impacto de los sentimientos en la investigación, y en ello lo secundo: las emociones del investigador no son capaces de afectar la realidad que estudia, y sólo sirven para introducir una fuente de error humano. Un científico angustiado es más propenso a cometer errores que uno tranquilo, pues no dedicará toda su atención al experimento.

 

Hipótesis

El segundo paso del método científico está  fuertemente afectado por el estado anímico del investigador.

 

Miles de ideas campan a sus anchas en nuestras mentes cada día. Una mente despierta y educada en los campos de la ciencia es capaz de separar de esta masa de iluminación aquellas ideas que mejor expliquen, al menos a priori, los sucesos de la realidad. Dependiendo de las experiencias del sujeto y sus reacciones, el rango de ideas al que accede será distinto. Por ello podemos decir que las emociones influyen en la hipótesis de forma tanto positiva como negativa; pues las ideas que obtengamos podrán ser tanto geniales como (si se me permite una licencia artística) desastróficas.

Esto tiene mucho que ver con los prejuicios. El descarte inmediato (sin razonar) de explicaciones ocurre debido a tanto la experiencia previa como al sentimiento que provoca la explicación en el actor de conocimiento.

No obstante, para comprobar que efectivamente nuestra idea cosechada se adecúa a los datos obtenidos sólo la razón puede valernos. Las emociones ahora, como anteriormente, son susceptibles de provocar errores al entrar en conflicto con la razón, impeliéndonos a rechazar ideas científicas válidas y sugiriendo otras no tan razonadas.

Encontramos un ejemplo de conflicto razón-sentimientos en Einstein. Cuando enunció su relatividad general, cuenta la historia que le invadió un profundo desasosiego. Su teoría implicaba la existencia de un principio y un final del universo, idea que se contradecía con su concepto de un universo estático y eterno. Guiado por este sentimiento, que yo califico de estético (un universo eterno era más bello en su opinión) introdujo la constante cosmológica en su hipótesis. Con ella, el universo sería estable, todo se autorregularía, pero… no funcionaba. Los datos recogidos no concordaban. Un sentimiento irracional traicionó al más célebre científico del siglo XX.

 

Matematización

En una escuela solo encontrarás una clase donde se impartan verdades absolutas, y esa es la clase de matemáticas. En el método científico encontramos un grado alto de matemáticas, que constituyen el esqueleto, lenguaje, de la ciencia.

Las matemáticas son inmutables antes los sentimientos humanos. No importa el empeño que le pongamos, dos y dos suman cuatro, ahora y siempre. Es en esta fase del método científico donde no existe perturbación posible por parte de las emociones.

Quitando, por supuesto, el error humano que pueden aportar. Como ya mencionamos anteriormente, un investigador cansado comete más errores que uno descansado. Aprovechando para ampliar este tema, he de decir que el método científico está diseñado para evitar tales fallos. Veremos más adelante que la comprobación hace imposible un fallo permanente en la ciencia. Además, la ciencia es un trabajo en equipo, minimizando así las posibles equivocaciones.

 

Comprobación

El último paso en el método científico está a prueba de balas y de emociones. El objeto de estudio de la ciencia, la realidad, no se ve afectado por los sentimientos (excluyendo, tal vez, las ciencias sociales). Una vez comprobemos nuestra hipótesis, sólo queda lugar para la razón. Los sentimientos pueden cambiar la manera en la que nos aproximamos a la realidad, pero no el resultado del falseo.

Una hipótesis que ha pasado por las fases anteriores sosteniéndose en las emociones del investigador caerá ahora por su propio peso. Hemos de tener en cuenta que esta fase está abierta, y posteriores investigaciones pueden invalidar una teoría (incluso algunas emociones especialmente perjudiciales llevarán al investigador a manipular sus datos de manera inmoral). Aunque quien formule la teoría esté tan cegado por sus sentimientos como para no admitir su equivocación, tarde o temprano alguien recogerá datos que prueben lo contrario.

 

Ejemplo

Esto se puede ilustrar de mejor manera con un ejemplo. Centrémonos en una ciencia cualquiera, como la biología. Un investigador de la Universidad Complutense inicia una investigación para determinar qué tipo de medicamentos son los más efectivos para calmar el dolor en la cabeza. El interés que le ha llevado a enfrentar este problema ha sido provocado por su vocación profesional (curiosidad) y por un jugoso incentivo monetario que la universidad donará al artífice de la mejor investigación del año (avaricia).

El investigador comienza a hacer experimentos, localizando los factores que causan el dolor y su reacción ante diversos medicamentos. Sin embargo, la fecha límite para optar al premio es cercana, y el biólogo decide no hacer tantas muestras como sería pertinente. Es más, su agobio le lleva a cometer ciertos errores al tomar medidas.

Ahora hace una hipótesis. Gracias a su interés por el proyecto y el tiempo que le ha dedicado, ha encontrado un modelo que explica a la perfección los datos que ha recolectado. Aquí podemos ver como las emociones pueden influir positivamente en el método científico.

A la hora de matematizar su teoría, su agobio no le hace más que cometer un par de fallos que en un segundo vistazo son fácilmente corregidos. Las emociones sólo han podido retrasar ligeramente el método, sin repercusiones en el resultado.

Y finalmente intenta comprobar su teoría. Sin embargo, esta vez es incapaz de reproducir el experimento inicial, en el que cometió fallos de medida. Su hipótesis falsa apoyada indirectamente en los sentimientos (que provocaron el error) ha caído. Parece que esta vez no se llevará el premio.

 

Conclusión

Las emociones afectan en gran medida, tanto positiva como negativamente, al método científico en aquellos pasos en los que la creatividad y concepción de ideas juega un rol central (observación e hipótesis). Los sentimientos son una herramienta útil que nos permite descartar ideas absurdas, pero pueden conducir a error.

Por otra parte, todo el método científico es susceptible de caer en error debido al estado anímico del actor de conocimiento, que influye en la rigurosidad de la investigación.

¿En qué se basa la ética para juzgar las religiones?

8 Oct

Tesis

En la razón. La ética analiza profundamente las motivaciones detrás de una religión, como por ejemplo el cristianismo, junto con sus consecuencias; para después declarar a sangre fría si dicha religión es buena o mala.

 

Argumento

Si las consecuencias de A son malas, A es malo. Simple, ¿verdad? Ojalá el resto lo fuera. Este no es el único factor a ser analizado por la ética para juzgar.

Una cosa a tener en cuenta: el fin NO justifica los medios, por mucho que diga Maquiavelo. Es necesario tener en cuenta también el camino, la senda recorrida para llegar al objetivo deseado. Los siento, no importa cuánto desees que gane tu equipo de baloncesto, ni que si ganáis vayáis a donar el premio a una ONG, no es ético asesinar al mejor jugador del equipo contrario para ello. ¿Por qué razón? Porque matar es malo. Si te matan mueres, c’est fini (con la posible excepción del protagonista de una novela que ha conseguido una inesperada secuela).

También hay que distinguir entre el motivo y las consecuencias. Las consecuencias deben supeditarse al motivo, supuestamente (la intención es lo que cuenta, ¿no?). A lo mejor ese móvil que le regalaste a tu amigo con toda buena intención termina provocándole un cáncer mortal por las radiaciones gamma que emite. Alguien tiene que mantener a los cazadores de mitos trabajando. Para una reflexión más profunda sobre este tema, tan largo y divertido, prueba con mi ensayo “Sobre la suerte moral”, disponible en mi blog (https://plumacreativa.wordpress.com/2012/02/06/sobre-la-suerte-moral/; no, no tiene que ver con los Myth Busters).

La razón es necesaria para diferenciar los aspectos de una misma cosa, y solo cuando todos y cada uno de ellos son éticos podemos llamar a algo bueno. Y no con mucha convicción…

 

Ejemplo

Veamos el ejemplo del cristianismo, paso por paso.

¿Son sus motivos buenos? Sí, o eso quiero creer. Amor al prójimo, paz, y un largo etcétera. Nunca he visto  a un cristiano predicando el mal como objetivo. Otra cosa es la disonancia declaración-acción. Aunque cada uno interpreta el cristianismo como quiere. Y muchos se inventan una incitación a lo considerado malo. Hmmm…

¿Son sus consecuencias buenas? Puede, según consideremos las restricciones culturales que impone, el lastre al desarrollo que conlleva, blablablá. Vale, quizás no tan buenas.

¿Son sus medios adecuados? Depende del creyente. De su fe y su ceguera ante la verdad, que queda eclipsada por el dogma. Nada creado para controlar a estúpidos puede ser inteligente. Bueno o malo, a decisión del lector…

 

Contraargumento

¿Pero qué pasa si preguntamos a un pobre transeúnte escogido al azar si una religión es buena o mala? En el caso de que sea hablador (y no nos culpe mucho por robarle su valioso tiempo) nos dirá que sí o qué no. ¿Y si le preguntamos además, exponiéndonos a su ira, por qué es o no es buena? Pues quelas cosas dejan de ser sencillas. Responderá probablemente con una tautología, o una afirmación dogmática. No es su culpa, está intentando expresar con palabras algo imposible de razonar. Eso es amigos, es un sentimiento. Las distinciones que hace el individuo entre bien y mal en la sociedad actual se basan puramente en emociones, muchas veces expresadas subconscientemente a través de una voz social interior que acepta las convenciones impuestas por el colectivo. Porque el ser humano necesita sentirse integrado.

Desde el frío pensamiento analítico, cualquier punto de vista es justificable: no en vano existe una amplia multiplicidad de paradigmas. De hecho, hay tantas morales como seres conscientes. Nada es absolutamente bueno o malo. Hay matices que varían de persona a persona. Por tanto, la razón no es una herramienta útil a la ética más allá que para distinguir los distintos aspectos de una misma cosa, ya que puede probar puntos de vista contrarios y, por analogía al principio de explosión, demostrar cualquier cosa.

¿En qué medida te influenciaron tus amigos al entrar en el Bachillerato Internacional (IB)? (Anexo)

19 Sep

-¿Cómo acabaste en el Bachillerato Internacional, Jaime?

-Tiene gracia que preguntes eso. Porque estoy loco, he ahí tu respuesta. Los locos son indistinguibles de la gente brillante en un mayor número de situaciones de las que podrías imaginar.

-No me refería a eso…

-Si quieres saber acerca de los detalles, la directora de mi antiguo colegio me lo recomendó. Mi madre investigó y rellené una matrícula. Lo demás es sabido.

-Tampoco es lo que buscaba. ¿Qué razón tenías para entrar al BI?

-Encontré un motivo en la gente.

-¿Tus amigos te influenciaron para que entraras?

-Lo estás entendiendo todo al revés. No entre aquí por la gente a la que conocía, sino por aquellos a quienes esperaba conocer. Espera, te voy a enseñar una cosa.

Jaime se levantó de su asiento y revolvió unos papeles en un mueble situado encima de su escritorio; hasta encontrar dos portafolios transparentes llenos de páginas impresas.

-¿Qué es esto?

-Toda la información que pude encontrar en internet acerca del BI. Insistí a mi madre en que no lo imprimiera por no gastar papel, pero lo hizo de todos modos. No vaya a ser que dejen de talar árboles.

-¿Por qué me lo enseñas?

-Mira la sexta página de este montón.

Jaime ofreció un taco grueso de hojas grapadas. El título de la página que había indicado rezaba: “Perfil de la comunidad de aprendizaje del IB”. Jaime prosiguió con su discurso.

-En cualquier obra de ficción, los protagonistas son siempre individuos que destacan por encima del resto. Tienen el don particular de atraer historias hacia sí y vivirlas formando parte de ellas. El crimen novelístico no se produce por el móvil que el detective achaque al culpable, sino para que el propio detective pueda resolver el caso. Es el principio antrópico aplicado a la ficción al mínimo común múltiplo: sin protagonistas, no hay historia.

-¿Y qué tiene eso que ver contigo?

-Sólo tienes que echar un vistazo a las hojas que te di. En el BI encontraré gente indagadora, informada, instruida, pensadora, buena comunicadora, íntegra, de mentalidad abierta, solidaria, audaz, equilibrada y reflexiva. ¿Qué clase de personaje puede parecer más interesante? Atraerán sucesos interesantes como los protones atraen electrones. Y yo no pienso perdérmelos.

-Eso no tiene sentido. Es bastante estúpido.

-Bueno, la vida tampoco tiene sentido y yo no la tacharía de estúpida.

-¿Tienes alguna otra razón?

-Bueno, por supuesto el BI supone un reto intelectual para mí. El simple hecho de querer superarme hace que me hierva la sangre. ¿Juegas habitualmente a videojuegos?

-No mucho.

-Es una sensación idéntica. Juegas para demostrarte a ti mismo que podías pasar de pantalla. Y no vale con hacerlo y ya está. Hay que ir a por la máxima puntuación. Y eso también incluye la acumulación de experiencia. Tienes que llevar tu personaje al máximo nivel recogiendo puntos de experiencia, pero la única manera de hacerlo es enfrentándote cada vez a enemigos más fuertes. Eso es lo que representa el BI para mí.

-¿Puedes dejar de hablar a través de metáforas de videojuegos, por favor?

-Perdón. Además, también he oído que es mucho más fácil estudiar en el extranjero a través del BI. Esa es una experiencia única.

-Entiendo. ¿Crees que saldrás más preparado?

-Hombre, lo doy por supuesto. La Universidad va a ser un paseo de rosas. Claro, que todo lo que no vaya a sufrir allí lo sufriré aquí.

-¿Y ahora, qué vas a hacer?

-Cambiar el mundo. Pero antes, a enfrentarme al BI.

¿En qué medida te influenciaron tus amigos al entrar en el Bachillerato Internacional (IB)?

18 Sep

Introducción

El trabajo realizado a continuación pretende exponer de forma clara y razonada los motivos detrás de la elección del alumno Jaime Sevilla Molina, 1º de Bachillerato W del Ramiro de Maeztu, de entrar en el IB, con la pretensión de contestar a la pregunta “¿En qué medida te influenciaron tus amigos al entrar en el Bachillerato Internacional?”

La redacción está organizada en diversos puntos correspondientes a las diversas hipótesis tenidas en cuenta por los redactores profundizando en cada posible causa para la adhesión de Jaime Sevilla Molina al Programa de Bachillerato Internacional, que son:

  • Auto superación
  • Concordancia entre la filosofía IB y personal del alumno
  • Ambiciones particulares del alumno
  • Búsqueda de amistades

 

 

Auto superación

La vida en si misma implica la reproducción y por ende la evolución. No en vano algunos científicos se esfuerzan en reconocer en las primeras estructuras autorreplicantes la misma abiogénesis. Pero la doble hélice ya no puede contribuir en este proceso. El individuo moderno ha llegado a un punto en el que la selección natural es incapaz de proveer una adaptación más eficaz al entorno; el Homo sapiens es genéticamente casi perfecto [cita requerida].

Ante tal perspectiva, el ser humano busca activamente una manera de superar la barrera de la evolución convencional. El humano se encuentra en un puente entre el animal y algo superior [1], y la manera de atravesar susodicho puente es la imposición de retos personales.

El alumno Jaime Sevilla Molina busca en el BI un reto acorde a sus capacidades, que pueda forzarlo a alcanzar la ansiada auto evolución empleando una disciplina que se verá obligado a adoptar para alcanzar el nivel exigido por los docentes. En repetidas ocasiones Jaime ha demostrado su entusiasmo por el aprendizaje y busca con fruición nuevos desafíos para comprobar su capacidad. [2]

Se advierte de que el ansia de perfeccionismo presente en el alumno, amén de su inquietante megalomanía, denotada por la extraña costumbre de hablar en tercera persona de sí mismo [3], constituyen una amenaza a su propia integridad psíquica, pudiendo conducir a una depresión [4]. No obstante, el fervor observado por los redactores en el alumno parece indicar que la situación es más que improbable. El alumno no dudará en utilizar mecanismos de razonamiento y autocrítica convenientemente para evitar tales desenlaces.

 

 

Concordancia entre la filosofía BI y personal del alumno

El sistema educativo de la Comunidad de Aprendizaje del IB se adecúa sorprendentemente bien a los métodos didácticos del alumno Jaime Sevilla Molina. Ambos coinciden en la importancia concedida a la deducción y el análisis frente a la mera memorización fomentada por el Bachillerato LOE, al noble propósito ulterior de contribuir a la mejoría del mundo actual, a la búsqueda insaciable de conocimientos de todos los ámbitos conocidos por el hombre, y los que quedan por conocer…

La organización responsable de la coordinación del Bachillerato Internacional nos ofrece un Perfil de la comunidad de aprendizaje del IB [5], describiendo un modelo de persona que se acerca bastante al alumno y el mismo aspira a cumplir.

Este perfil describe a personas indagadoras, informadas e instruidas, pensadoras, buenas comunicadoras, íntegras, de mentalidad abierta, solidarias, audaces, equilibradas y reflexivas. [4]. Jaime Sevilla Molina se compromete con estos ideales y defiende estas creencias acérrimamente, sin dejar que ningún comentario mal argumentado le haga mella.

Jaime Sevilla Molina busca su libertad en la verdad última, y no tiene miedo a mirar al sol directamente aunque ello suponga cegarse. E intentará volver a la cueva y liberar a sus compañeros, no importa lo desagradecidos que sean más tarde. Piensa que cada ser consciente de sí mismo debería ser capaz de elegir su camino entre la felicidad de las sombras o la libertad del sol.[6]

 

 

Ambiciones personales del alumno

Jaime Sevilla Molina es consciente de algunas ventajas que el curso de IB aporta a quién lo cursa. Aunque juegan un papel menor a la hora de decidir entrar o no en el IB, el alumno las sopesó cuidadosamente y las sigue teniendo en cuenta.

Merece la pena destacar la futura posibilidad de estudiar en el extranjero gracias al programa IB, que supondría una experiencia particularmente enriquecedora desde el punto de vista del alumno. Ciertas Universidades extranjeras son consideradas punteras en algunos de los campos de interés del alumno, en particular la Física.

Además, Jaime Sevilla Molina aprovechará el IB como una preparación para la Universidad que escoja, sabiéndose de sobra preparado para lo que venga después.

 

 

Búsqueda de amistades

El ser humano es un animal gregario. La búsqueda de compañeros en el mundo es un proceso común también aplicable a Jaime Sevilla Molina, y tal vez el más influyente a la hora de tomar su decisión.

Jaime busca desesperadamente a gente digna de su interés, y cree haber encontrado en el perfil IB[5] mencionado anteriormente al concepto de persona ideal. Espera que sus nuevos compañeros sean peculiares y geniales, con rasgos distintivos que les hagan inolvidables.

Para comprender el porqué de este motivo es necesario hablar del Principio Antrópico. La versión original del Principio Antrópico se enuncia así: El mundo es necesariamente como es porque hay seres que se preguntan por qué es así.[7] Algunos expertos en literatura han hecho una modificación bastante curiosa que dice: Para cualquier historia dad, hay elementos básicos que son requeridos para que la historia misma ocurra, o no habría historia de otra manera.[8]

Jaime Sevilla Molina, partiendo del axioma de que la vida puede interpretarse como una historia única y de increíble calidad regida por leyes ficcionales[9] , se esfuerza en encontrar a gente lo bastante interesante como para que historias que merezcan la pena ocurran en su entorno y ser partícipe de ellas, ya que los personajes son un elemento básico de las historias y son requeridos para que el argumento avance.

Por supuesto, esta conclusión parte de su ello[10] y su deseo interno de ficcionalizar su propia vida. Pero hay fuera hay más de 7 000 millones de personas, tiene que haber alguien por ahí que tenga una vida extraordinaria y emocionante. ¿Pero por qué no puedo ser yo? [11]

 

 

Conclusión

Tras analizar las diversas causas que llevaron a Jaime Sevilla Molina a aplicar por el IB en relación a la pregunta planteada podemos asegurar que sus amigos anteriores a este curso tienen poco o nada que ver con ello; pero sin embargo juegan un papel fundamental las expectativas de los amigos que conocerá. También está ávido de conocimientos y retos, y se conmueve profundamente por el modelo educativo del BI, pero su aliciente es buscar a gente interesante. Y de momento no ha sido decepcionado.

Un servidor espera con ganas todo el trabajo que le espera. No voy a echarme atrás. Cargaré con todo hasta el final. Esa es mi determinación.

 

Bibliografía

[1]-Nietszche, Friedrich, “Así hablo Zaratustra”

[2]-Diversos profesores del alumno fueron consultados.

[3]-Sevilla, Jaime, “¿En qué medida te influenciaron tus amigos al entrar en el Bachillerato Internacional (BI)?”

[4]-Russell, Bertrand, “The conquer of happiness

[5]- http://www.ibo.org

[6]- Platón (2003). Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Volumen IV: República. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1027-3.

[7]- Hawking, Stephen, “Historia del tiempo”

[8]- http://tvtropes.org/pmwiki/pmwiki.php/Main/AnthropicPrinciple

[9]- Pratchet, Terry, “Saga Mundodisco”

[10]- Froid, Sigmund, “El yo y el ello

[11]- Tanigawa, Nagaru, “Suzumiya Haruhi no Yûutsu”

Y, obviamente, el autor y sujeto de la investigación, Jaime Sevilla Molina.

 

 

Se recomienda encarecidamente que el lector lea el anexo, en el que expone al estilo del diálogo socrático lo anteriormente investigado.

Sobre la suerte moral

6 Feb

Un hombre de mediana edad conduce su vehículo por la ciudad, a una velocidad moderada, respetando a rajatabla las normas de circulación vigentes y prestando una prudencial atención a cualquier detalle que pueda interferir con su desplazamiento. Sin embargo, a pesar de las múltiples precauciones que manifiesta, un niño salta de improviso a la calle y termina siendo atropellado.

En otro ejemplo, otro conductor, totalmente ebrio y que transita dando continuos tumbos se cruza también con el niño. Afortunadamente, lo vislumbra en el último segundo y frena antes de que ocurra el fatal desenlace.

La ética habitual del ciudadano medio le lleva a sentir que el primer conductor, a pesar de todo el afán con el que previno el accidente, es un mal conductor y debe responsabilizarse por lo ocurrido; el segundo se convertirá no obstante en inocente, ya que salvó la vida del niño, aún cuando obraba de manera imprudente y potencialmente peligrosa para los transeúntes y otros vehículos.

En este caso concreto, evaluamos a un agente por un factor que escapaba a su control, lo cual entra en conflicto con un principio moral intuitivo, el principio de control, según el cual no podemos culpar a alguien por sucesos que escapan a su control. Este problema que lleva años martirizando a los filósofos es llamado el problema de la suerte moral.

¿Por qué debemos culpar a alguien de sucesos que provocó accidentalmente, aun cuando él quería obrar de otra manera? ¿No dice un viejo refrán “la intención es lo que cuenta”? Volvamos al primer ejemplo. Si aquel hombre nunca hubiera tenido un coche, probablemente el percance no hubiera ocurrido. ¿Debemos culpar entonces a la empresa que construyó el vehículo? Y a su vez, ¿debemos culpar a Karl Friedrich Benz , quien concibió la idea del automóvil? De una manera o de otra, toda persona puede estar involucrada en esta cadena sin fin: el niño que cruzó, la vecina quien no paró al automóvil, el amigo del conductor quien no le advirtió que no condujera aquel día,… Es la historia del nunca acabar.

Por otra parte, puedo indicar con seguridad que si el primer conductor no se arrepintiera de sus actos, alegando que carecía de las herramientas necesarias para prevenirlos y que él obró de acuerdo a sus ideales, se ganaría instantáneamente el desprecio del lector, ¿me equivoco? La sociedad espera contrición y penitencia de él, y el acto de desentendimiento se malinterpretará como una conducta maligna. Y yo digo, ¿por qué? A nadie le agrada que le acusen injustamente. El ser humano debería plantearse profundamente el problema de la suerte moral y llegar a la única conclusión, en mi opinión, lógica: no debemos arrepentirnos ni recriminar a otros si la acción era en ese momento la más moral, mientras que el que obra bien de casualidad tampoco tiene un auténtico mérito.

La suerte moral constituye un gran problema para las teorías basadas en la competencia. Me refiero por supuesto a la teoría de selección natural y al omnipresente capitalismo. Ambas se sustentan en la desaparición del débil ante el adaptado que consigue recursos asegurando su continuidad, por lo que la suerte moral interfiere en gran medida en el proceso: el débil obtiene una oportunidad de persistir gracias al factor suerte, a pesar de su inadaptación. Esto deriva en que la unidad evolutiva, natural o empresarial, se degrada; la especie se convierte en una inadaptada y el empresario en un mentecato con suerte, y resultan indistinguibles de los aptos o válidos.

Obviamente, lo ideal sería un mundo regido por el karma, donde la suerte moral desaparezca para dejar paso a la justicia absoluta donde cada uno recibe lo que merece de forma material; hasta entonces, tendremos que resignarnos a ella y aprender a juzgar al resto no por los resultados, sino por su actuación.