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Cazatiempos – Parte 4

5 Sep

Roy Redshirt estaba en un lío. Cuatro pistolas le amenazaban. Uno de los tiradores estaba en el piso de arriba, dos en sendas salidas y el último estaba sentado en la mesa desde la cual el hombre de la cicatriz le miraba con superioridad.

Con el rabillo del ojo vio como el ilegal se escabullía al piso superior, donde le perdió la pista.

-Se acabó el juego, madero. –Dijo el hombre de la cicatriz- Tienes tres segundos. Piensa rápido.

Redshirt siguió su consejo. Con un súbito movimiento se arrojó debajo de la mesa que más cerca suya estaba. El hombre de la mesa, el único que tenía ángulo de tiro para darle, se dispuso a finarle, pero un disparo tranquilizador proveniente de la mesa siguiente le derribó.

El hombre de la cicatriz trató de desenfundar rápidamente para disparar a Roy mientras identificaba a la nueva amenaza, pero Roy no se lo permitió, disparando con precisión a su pecho desde su barricada improvisada. A continuación manipuló el cazatiempo con destreza, y desapareció cinco minutos hacia atrás.

16:27

Los cinco hombres de la mesa se miraban intensamente mientras jugaban al póker.

-Veo tu apuesta, y subo otro millón de dólares –Dijo el hombre de la cicatriz.

Roy Redshirt se cercioró de que nadie le había visto, y esperó al momento propicio para arrastrarse sigilosamente hasta la mesa siguiente. Una vez allí, repitió la operación. Nadie le había visto. Perfecto. Se escondió un poco mejor y espero cuatro minutos, sin quitarle la vista de encima al ilegal en la mesa.

-¡El de la gabardina, que se espere! –Exclamo el ilegal, dándole pie a Roy para apuntar al hombre de la pistola en la mesa de juego mientras la atención se centraba en él y en su doble del pasado.

Esta vez Roy se fijó atentamente en la ruta del ilegal, y justo cuando le vio entrar en la segunda puerta a la derecha, oyó la señal:

-Se acabó el juego, madero. Tienes tres segundos. Piensa rápido.

Roy disparó inmediatamente. Y mientras su yo pasado despachaba al mafioso de la cicatriz, manipuló su cazatiempo. 45 minutos debería ser suficiente.

15:47

Roy Redshirt salió de la puerta del tiempo para encontrarse acorralado entre las piernas de varios jugadores. Con esto no había contado.

-Ey Ted –Oyó- estive aqui esperando quase 10 minutos. Começamos a jogar?

Roy no sabía hablar portugués, pero si italiano, y a duras penas entendió el sentido general de la frase. Dando gracias al latín por haberse dividido en lenguas tan parecidas, Roy echó un ojo al cazatiempo. Diez minutos en la batería.

Roy se deslizó 9 minutos hacia atrás, esperando que eso fuera suficiente.

15:38

No había moros en la costa. Roy salió de debajo de la mesa y se encaminó discretamente hacia el piso superior. El personal apenas le dedico una mirada de curiosidad antes de seguir con su trabajo. No se aguantan muchos años trabajando en el “Ninho de víboras” si haces muchas preguntas.

Roy entró en la segunda puerta a la derecha. Después esperó pacientemente, atento siempre a los sonidos que venían del otro lado de la puerta.

A las 16:27 escuchó algo. Preparó su pistola y se acercó a la puerta, pero no se abrió. El ilegal iba a abrir la puerta, estaba seguro. Pasos se alejaron de delante de la puerta, y Roy bajó la pistola.

-¡El de la gabardina, que se espere! –Roy oyó esto por tercera vez a las 16:31. Roy volvió a apuntar a la puerta y contuvo la respiración. Medio minuto después, el manillar de la puerta giró, y Roy apretó el gatillo.

El disparo se perdió en el aire.

El ilegal había debido de deslizarse justo al abrir la puerta. Una bombilla se iluminó en la cabeza de Roy. Ha huido a las 16:27, cuando Roy oyó los pasos alejarse de su puerta. Y a él solo le quedaba un minuto en el cazatiempo. Había sido superado. Otra vez.

Conteniendo un gruñido, Roy Redshirt salió del habitáculo. Toda la atención del local estaba centrada en el piso inferior, donde un segundo tiro derribaba al mafioso de la cicatriz. Al parecer, el tiro fallido de Roy había sido camuflado por el tiro que había hecho antes. Era una buena oportunidad.

Sin vacilar, localizó al tirador del piso superior y le despachó. Ahora sí que le habían visto. Los pistoleros de las entradas intercambiaron gestos y se dividieron las tareas: uno revisó las mesas donde Roy había hecho los deslizamientos y las encontró vacía para su asombro, mientras que el otro apuntaba al Roy del piso superior.

-¡Se ha dividido! –Exclamo un asombrado jugador. Y efectivamente, al otro lado del piso estaba un doble de Roy, moviéndose hacia el Roy actual. El detective sonrió mientras ejecutaba una de sus jugadas favoritas.

El pistolero de abajo dudó un momento al ver como su enemigo se multiplicaba ante sus ojos, momento que fue aprovechado por el Roy actual para inutilizarle con un tranquilizador.

Seguidamente, Roy se cruzó con su doble y se dirigió adonde le había visto aparecer. El último pistolero ya había abandonado la búsqueda debajo de las mesas y se disponía a dispararle. Perfecto.

Cuando oyó el pistoletazo activo el cazatiempo, deslizándose el último minuto de batería.

16:35

Y Roy Redshirt sonrió mientras hacía de cebo para que su doble pasado, al otro lado del piso, le colocara un tranquilizador en el pecho a uno de los dos pistoleros. A continuación se cruzó con su doble y apunto con calma al último matón, esperando a que disparara el primero para apretar el gatillo.

Se hizo el silencio en la sala. Los pocos clientes y personal que aún permanecían allí se miraban unos a otros, indecisos.

-Muy bien caballeros. Se acabó el espectáculo. Quien no quiera ser interrogado puede salir. –Y al ver que todos se quedaban paralizados añadió- Ahora.

La muchedumbre rompió en una huida caótica, en la que cada uno trataba de poner a salvo su pellejo. Haciendo caso omiso, Redshirt extrajo su teléfono de la gabardina y llamó a su contacto en la división.

-Detective Redshirt al habla. Necesito una limpieza en el local “Ninho de víboras”. Cinco detenidos por obstrucción a la autoridad y amenaza a un agente de la ley. –murmullo- Sí, el informe estará listo mañana. –murmullo. Roy se mordió los labios mientras miraba a la mesa donde su burlador había estado jugando, lanzándole una amenaza a través del tiempo- No. El ilegal ha logrado escapar. Ignoro su paradero.

“Juro, sabandija, que esta es la última vez que se la juegas a Roy Redshirt.”

En la otra punta de la ciudad, un coche se para a recoger a un autoestopista. Después de un cordial saludo y un soborno para comprar el silencio del conductor, el autoestopista se acomoda en el asiento y comienza a jugar con un cazatiempo, saboreando la dulce victoria.

Cazatiempos – Parte 3

29 Ago

Never tenía claro que hacer. Apenas se vio a sí mismo salir de la sala, buscó a alguien persiguiendo a su doble. Tardó tres segundos en encontrarlo, y dos en reconocerlo. Era el policía de Moscú, haciendo gala de su tenacidad rayana a la cabezonería. ¿Cómo le habrían encontrado? Más tarde debía procurar averiguarlo.

Ahora, debía parar a ese hombre. Así que gritó.

-¡El de la gabardina, que se espere!

El poli se paró en el acto, y se giró para verle. Never reprimió una sonrisa y ensayó su mejor cara de “Oh, mierda. Qué acabo de hacer”. Eso le haría confiarse.

De la gabardina salió una pistola lista para dispararse, que le apuntó al pecho. Esto iba mejor de lo que Never se imaginaba que iba a pasar. El muy idiota acababa de sacar una pistola en mitad del “Ninho de víboras”.

-Deténgase ahora mismo. Y ni piense en utilizar el cazatiempo. El mío también está cargado. Sería una pérdida de tiempo romper una hora hacia atrás solo para volver a encontrar mi cara esperándole, ¿no cree?

Never ni se molestó en contestar, sino que miró a Armando Valencia, diciéndole con un gesto “¿No vas a hacer nada? ¿Vas a dejar que salga impune?”. Si sus deducciones eran correctas, el mafioso no iba a tolerar que nadie menoscabara su autoridad sacando un arma en su territorio. Armando Valencia se levantó para plantar cara al detective.

-¿Se puede saber quién demonios tiene los cojones necesarios para apuntarme a la cara?

Y ahora que Armando Valencia va a ocuparse de su problemilla en su lugar, era el momento propicio para desaparecer de la escena. El detective se había colocado hábilmente entre su mesa y las dos salidas, pero aún podía aprovechar el acceso al segundo piso para confundirse entre la muchedumbre y deslizarse cinco minutos hacia atrás sin que nadie se diera cuenta, en una de las salas privadas preferiblemente. De ahí solo tendría que salir por la puerta como había visto hacer a su yo futuro mientras su yo pasado distraía al detective.

Utilizar un cazatiempo sin incurrir en paradojas era complicado, un desafío intelectual que pocos tenían el privilegio de acometer y aún menos superaban satisfactoriamente. Para los estándares de los viajeros, Never era aún un amateur en el arte del deslizamiento temporal. Había obtenido su cazatiempo un año atrás, y lo primero que había logrado era hacer estallar la bolsa neoyorquina en el plazo de una semana, quedando él en posesión de una considerable fortuna a la que lamentablemente le habían cortado el acceso la división de cazatiempos cuando algún economista puso las piezas juntas y llegó a la conclusión de que la crisis financiera era obra de un criminal temporal. Never había sido descuidado y no se había preocupado de esconder las pistas que apuntaban hacia él.

-En efecto… -dijo el detective. Y, con esas palabras mágicas, cuatro pistolas le apuntaron a la cabeza. Never salió corriendo hacia las escaleras, reconociendo una oportunidad única.

Sin pararse a mirar atrás, escaneó las puertas hasta encontrar una con el cartel de libre: la segunda por la derecha prometía estar vacía. Con el tacto manipuló el cazatiempo de su bolsillo y se preparó para deslizarse cinco minutos hacia atrás.

Nada más abrir la puerta, Never se encontró de bruces con el detective. Un disparo rasgó el aire.

En ese momento, el cazatiempo abrió la puerta del tiempo, arrastrando a Never cinco minutos hacia atrás. Y Never se encontró frente a una puerta cerrada, sorprendido de no tener un nuevo agujero en la nariz.

16:27

Ese había sido un fallo importante, olvidar que el detective tenía su propio cazatiempo. Por supuesto, era imposible que le hubiera disparado y le hubiera incapacitado, o no habría visto a su yo futuro salir del garito ileso; pero muchas otras cosas podrían haber ido mal.

Never bajo las escaleras y huyó por la puerta del fondo, observando de paso a su yo pasado en la mesa, estupefacto al verle. Nunca lograba acostumbrarse a ver sus dobles futuros. Aun sabiendo que iba a pasar, siempre le pillaban con la guardia baja.

Según dejaba el local en el horizonte, se escuchó el jaleo del que solo puede ser causa un tiroteo. Never sintió una leve punzada de pena por el detective cuyo cadáver mañana estaría en una fosa del Atlántico, pero claro: él mismo se lo había buscado.

Una vez Never se cercioró de que estaba lo suficientemente lejos del local, completó la última parte del plan. Eran las 16:54, y ya se había deslizado cinco minutos hoy. El cazatiempo tenía una carga máxima de una hora, que se recargaba periódicamente cada día. Eso le dejaba con 55 minutos, que utilizó para deslizarse inmediatamente.

15:59

Never se lamentó internamente. Hubiera preferido quedarse con cinco minutos en el cazatiempo en caso de algún improvisto, pero no podía arriesgarse a causar una paradoja. Había oído algunas historias acerca de la gente que rompía el espacio-tiempo, y no eran historias con final feliz precisamente. Rápidamente sacó su móvil y busco en el correo el mensaje que había recibido a las 16:00, dándole a reenviar en el mismo instante que el cazatiempo indicaba esa hora.

10 M; 3-7 + 2-A, 4-7; 5.000.000.

1630 ф

Recibido a las 16:00

En la décima mano repartida, Full de sietes ases contra póker de sietes, sube hasta 5.000.000 de dólares. A las 16:30 hay problemas. Eso significaba el mensaje.

Armando Valencia era un hombre de honor. Comprendería por qué Never debió ausentarse y dejaría la apuesta ingresada en su cuenta. Probablemente. De todas maneras, más tarde lo averiguaría.

Ahora una pregunta rondaba por la cabeza de Never. ¿Cómo le habían localizado?

Cazatiempos – Parte 2

22 Ago

Roy Redshirt estaba cansado de su trabajo. Para ser justos, él adoraba ser un detective temporal. Las persecuciones a través del tiempo y la creatividad necesaria para usar el cazatiempo le realizaban. No era un trabajo apto para cualquiera, y estaba orgulloso de lo bueno que era haciéndolo. El problema eran los criminales a los que cazaba. Por alguna razón que se le escapaba, no comprendían que las reglas estaban ahí para protegerles, no para cohibirles. De los diez últimos delincuentes con los que había tratado, nueve habían acabado en un psiquiátrico. No puedes jugar con el tiempo sin que tu cerebro irremediablemente lineal termine friendo algún circuito. Maldita sea, estaba seguro de que él mismo daría con sus huesos en un manicomio antes de jubilarse.

No obstante, no era el momento de quejarse, sino de actuar. Un viajero del tiempo ilegal, cuya pista llevaba siguiendo un año, había sido localizado en Fortaleza, Brasil, donde ahora estaba Roy. La última vez que se encontró su rastro, hará cuatro meses, estaba en Moscú, donde le había perseguido a través de las calles heladas y de las fracturas del tiempo. A pesar de haber contado con el factor sorpresa, le había conseguido superar, engañándole para que se quedara sin tiempo en el cazatiempo. Y ahora que conocía su cara no se dejará sorprender tan fácilmente.

Un mensaje de la centralita hizo pitar el móvil de Roy. Acababan de interceptar un correo dirigido al ilegal, escrito por él mismo:

10 M; 3-7 + 2-A, 4-7; 5.000.000

1630 ф

Recibido a las 16:00

El correo en sí no le decía nada, pero el ilegal lo había mirado en su móvil, y había sido fácil localizarle. Se encontraba en una sala de juego en las afueras. Redshirt no perdió un segundo y condujo el coche que había alquilado raudo hacia el sitio indicado.

Diez minutos después estaba allí. Antes de entrar en la sala de juego, comprobó rutinariamente que su pistola estaba cargada con los tranquilizadores reglamentarios. El cazatiempo, que aparte de servir para rasgar el tiempo era un reloj excepcional, indicaba que eran las 16:30.

La sala de juego estaba dividida en dos pisos. Arriba había habitaciones privadas con mesas para que los clientes pudientes jugaran a gusto. Abajo estaban las mesas públicas, donde se juntaban desconocidos e intentaban vaciarse los bolsillos mutuamente.

Lo primero que Roy Redshirt hizo nada más haber escaneado por primera vez el lugar es situar las salidas. Por donde acababa de entrar era la más obvia; y al final del salón se adivinaba una segunda salida. Y un hombre que por complexión se correspondía al ilegal se dirigía apresuradamente hacia ella. Jackpot.

-¡El de la gabardina, que se espere!

Antes de que Roy pudiera iniciar la persecución, un hombre de una mesa de póker se levantó y le paró de un grito. Era el ilegal, vestido con un inmaculado traje blanco, y ahora lucía en su cara un gesto de reconocimiento y estupidez que decía “Oh, mierda. Qué acabo de hacer”. Roy sonrió para sus adentros. El muy idiota se había entregado sin darse cuenta.

Redshirt desenfundó en un rápido movimiento y le apunto al pecho, donde de seguro no fallaría.

-Deténgase ahora mismo. Y ni piense en utilizar el cazatiempo. El mío también está cargado. Sería una pérdida de tiempo deslizarse una hora hacia atrás solo para volver a encontrar mi cara esperándole, ¿no cree?

Uno de los clientes sentado en la mesa junto al ilegal se levantó y miró desafiantemente a Roy. La cicatriz de su cara parecía arder con ira contenida.

-¿Se puede saber quién demonios tiene los cojones necesarios para apuntarme a la cara?

-Roy Redshirt, división de Cazatiempos. Tengo autoridad federal para disparar el arma si alguien se interpone en mi camino, señor. Le recomiendo que se haga a un lado.

-Eres poli. Me estás diciendo que eres un jodido madero.

Un escalofrío recorrió la espalda de Roy. Algo le daba mala espina…

-En efecto…

Inmediatamente, cuatro armas de cuatro lugares distintos de la sala se alzaron para apuntarle. Roy Redshirt se había metido en un nido de víboras, y ahora corría peligro de ser mordido.

Recomendando: Soñando entre libros

8 Oct

Generalmente aquí es cuando despliego mi (falta de) habilidad literaria para regalaros un pequeño texto/minicapítulo de mi propia mano. Pero hoy vamos a romper con el modelo y voy a descubriros en su lugar un pequeño y modesto blog llamado Soñando entre libros, que hace poco acaba de reavivar su marcha con un poema otoñal que capta completamente la esencia de la estación.

Espero que ha este pequeño post le sigan muchos más, Paloma. Como ya dijiste en tu comentario hace poco, los escritores noveles tenemos que apoyarnos unos a otros. ¡No dejes de escribir!