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Reina de corazones

1 Ene

-He traído conmigo un paquete de cartas –dijo el mago a la par que extraía de su americana dicho paquete- Sobra decir que son cartas mágicas.

“Estas cartas resultan ser nueves de picas, que he cogido de distintas barajas. Tenemos un nueve, el segundo, el tercero -El público miraba expectante como el mago pelaba el paquete carta por carta mientras contaba. Todos agudizaban la vista, esperando detectar un movimiento sospechoso, un hábil juego de manos destinado a engañarles- el cuarto y… una reina de corazones. Esta carta –señaló a la reina- es el corazón y alma de toda baraja. Pronto tendréis ocasión de verla en acción; por ahora, recordadla mientras vemos el resto de cartas del paquete. –La reina paso entre sus dedos y detrás se sucedieron otros cuatro nueves de picas.-En total, ocho nueves de picas, y la reina de corazones.

“Vamos a colocar claramente sobre la mesa los nueves. Colocaremos uno bocabajo, y uno bocarriba –El mago depositó sobre el tapete la carta trasera de la baraja y en un movimiento hipnótico dio la vuelta al paquete y dejo que la carta de delante, un nueve, se deslizara a su sitio encima del otro.- Repitamos. Uno bocabajo, uno bocarriba, uno bocabajo… -El ritual se repitió hasta que quedaron dos grupos de cuatro cartas sobre la mesa; uno bocabajo y otro de nueves bocarriba. En las manos del mago quedó la reina, con la cual jugueteaba grácilmente dándole vertiginosas vueltas sin aparente esfuerzo por su parte.

“La reina de corazones es una carta carismática. Todas las demás quieren ser como ella. Además de carismática, no le importa compartir los secretos de su… magnetismo irresistible –Según decía esto la reina se levanto unos centímetros por encima de su palma. Por arte de magia.- Por ello, ha concertado una reunión con cuatro afortunadas cartas, a quienes va a enseñar. –El mago introduce la reina entre las cartas bocabajo, y recogiéndolas todas en su mano les da un suave golpe con el dedo índice. Un momento más tarde despliega todas las cartas bocarriba sobre la mesa.

Primer clímax. Los espectadores quedan boquiabiertos mientras observan atónitos como los nueves son ahora reinas de corazones. “Me siento muy afortunado de ser mago. La cara de incredulidad que ponen algunos espectadores es de lo más reconfortante.” Tras este liviano comentario, que consigue un par de carcajadas, los espectadores prorrumpen en un aplauso, que el mago recibe con una sobria reverencia y una sonrisa.

Un gesto con la mano para el jolgorio, indicando que hay más por venir. “Ya hemos visto lo increíble. Ahora, procedamos con lo imposible. Nos quedan cuatro nueves.” -El mago señala a las cuatro cartas que colocó bocarriba en un principio.- “Y ahora tenemos cinco damas. Veamos qué podemos hacer.” El mago cubre cada nueve con una dama bocabajo.

Y le va dando la vuelta a cada par de cartas una a una, mostrando dos damas en cada par. No tan pronto ha acabado con el último par, el público inicia un aplauso, aún más vibrante que el anterior. Un incrédulo de la primera fila se abalanza sobre las cartas, y al examinar una cualquiera encuentra lo último que esperaba: nada. Cartón corriente, que no cambia al moverlo ni por delante ni por detrás. Es cosa de magia.

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Cartas de amor jamás enviadas

14 Feb

Mi querida enamorada,

Necesitaba contarte urgéntemente sobre tí y mis sentimientos hacia tu persona. Pero cada vez que te cruzas en mi travesía perlas de sudor y violentos temblores atacan mi semblante, así que no me queda más remedio que escribirte una carta que arrojaré al aire; y esperaré en el fondo de mi corazón que encuentre un camino hasta tí y puedas leerla.

No se me da demasiado bien hablar de sensiblerías ni de esas tonterías que los enamorados se susurran dulcemente al amparo de la luna y las estrellas; sin embargo, trataré por lo menos de honrar el buen nombre del amor y despertar en tí algun sentimiento que, espero, compartamos fugazmente. Empezaré pues relatando todo aquello que me provocas.

Cada vez que te veo, siento paz en mi alma. Tu cabello bailando al compás del viento, tu sonrisa nívea reposando en tu rostro, tu suave piel cubriendo tu encantador cuerpecillo de gorrión; todas esas cosas en delicada sintonía me llenan de un placer espiritual cálido y sencillo. Y tus ojos. Tus ojillos de sol y luna, brillando con luz propia bajo una eterna alborada, cuya simple presencia basta para espantar las dudas e infundir valor. No hay oscuridad lo bastante densa ni maldad lo suficientemente pérfida para resistir una sola de tus miradas. Cuando siento que la llama de mi voluntad está por apagarse, pienso en tu iris y su recuerdo aviva toda mi fuerza y mis ganas de vivir.

Cada vez que te escucho, me regocijo en mis adentros. Las esperanzas de mi ser se alimentan de tus palabras, siempre dulces, a veces crueles. Los pájaros que cantan anunciando la primavera no son más que quejidos disonantes a la vera de tu canto de sirena, que al igual que aquel de la mítica criatura seduce a los hombres y les conduce hacia su perdición. No hay sonido más hermoso ni timbre más claro sino el tuyo.

Cada vez que llega hasta mí tu olor delicioso no puedo sino caer rendido. Porque tu perfume es un mortífero veneno, que llena tu alrededor con tu presencia y amor. Huele a flores de todo tamaño y color, huele a almizcle y vainilla, huele a hierba recien cortada, y por encima de todas estas exóticas esencias, huele a la única fragancia que quiero percibir el resto de mis días: huele a tí.

Cada vez que te rozo,  mi alma se derrumba embebido en placer. Me basta un leve y efímero contacto contigo para sea feliz una tarde entera. No aspiro a más que sobrevivir para tocarte una vez más. Me es imposible conciliar el sueño en el crepúsculo sin antes evocar tu tacto, y sólo en mis sueños más afortunados puedo al fin dormir abrazado a tí. Porque más no quiero.

Con respecto a tu sabor, aun no te he probado, pero con que tan sólo sea una decima parte de tus otras cualidades, ya puedo asegurar que tus labios sabrán como la miel recién libada por abejas, o aun más como un tierno y exquisito bollito recién hecho.

Muchos me dicen que te idealizo, y otros tantos me llaman loco por quererte; pero puedo asegurarte y así lo hago que amarte es la única cosa de la que jamás me lamentaré. No quiero que con esta carta sientas pesadumbre o obligación alguna hacia mi persona. Mi deseo es que seas dichosa, y yo me contentaré con ello. Hace ya mucho que renuncie a mi propia felicidad, y no tengo el derecho de exigirte a caer conmigo. Por favor, vive feliz. Y, aunque solo sea en el fondo de tu subconsciente, no me olvides.

 

Adios por siempre,

tu amor.